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2.20

[Recapitulación:]

La individualidad sensible desaparece y se convierte en universalidad (sensible). La individualidad emerge [aquí] como verdadera individualidad: como ser-en-sí del uno (como un estar reflectido en sí mismo).

Hemos visto dos esfuerzos por mantener separados los extremos dichos, que no funcionan: la distinción de aspectos (uno-también) y la distinción entre lo esencial y lo inesencial (diferencia absoluta y múltiples características).

Lo verdadero [la cosa] se revela [en ambos] como teniendo por esencia suya la universalidad carente de distinción y determinación.

El llamado sano sentido común (o entendimiento humano percipiente [luego el entendimiento está ya en 2]) es el juego de los poderes de las vacías abstracciones de la individualidad y la universalidad (a la individualidad contrapuesta). Va de un lado para otro (sofísticamente) y se resiste así a la verdad.

La filosofía (propiamente) se adueña de esas determinidades (en lugar de tomarlas por lo verdadero y quedar a merced de ellas). El entendimiento percipiente no se percata de que ellas se han adueñado de él, y las trata como contenidos sólidos.

En verdad la naturaleza de esos seres (esencias o determinidades) quiere llevar al entendimiento corriente a ponerlos juntos y, por medio de ello, a suprimirlos/superarlos.

2.19

[Conclusión (y 2):] El objeto queda suprimido y superado en esas determinadades puras; tanto como en su ser sensible en 1.

El universal condicionado por lo sensible (con el que arranca 2) está afectado por la oposición, de modo que se divide en los extremos de la individualidad (lo uno) y la universalidad (el también, la comunidad).

Al estar aquí en unidad ambas determinidades, resulta la universalidad absoluta incondicionada; con la que accedemos al reino del entendimiento.


2.18

Conclusión: cae la diferencia entre ser para sí y ser para otro; o...

El objeto es en uno y el mismo respecto lo contrario de sí mismo: para sí en cuanto es para otro, para otro en cuanto es para sí.

Ambas cosas (ser para sí, relación con otro) son tan esenciales como inesenciales.

2.17

[Otro resumen:] Tener una propiedad esencial que constituye el ser simple es contener en sí la diversidad. Esa diversidad necesaria no puede ser inesencial (pues si necesaria, esencial).

2.16

En resumen: una negación absoluta [o una diferencia absoluta] es una negación que sólo se refiere a sí misma, pero que, por referirse a sí misma, se suprime [hebt sich auf] a sí misma.

La negación absoluta tiene su esencia en otra cosa.

2.15

La diferencia esencial distingue la cosa de las demás y ha de mantenerla [a la cosa] para sí.

[Pero estas determinaciones son contradictorias:] La cosa sólo es cosa, o uno, cuando no está en [esa] relación con otras. Precisamente el carácter absoluto de la cosa y su consiguiente contraposición consiste en un comportamiento respecto a otras.

La cosa es esencialmente ese comportamiento. De modo que la cosa se va a pique.

2.14

Esa distribución de lo contradictorio [según se verá] alcanzará a la cosa misma...

Por de pronto hay en la cosa una diversidad esencial (cada cosa está determinada como algo distinto) y otra inesencial (puesto que la cosa está simplemente determinada; o, dicho de otro modo: no es distinta de sí, sino de otras)... aunque necesaria.

2.13

Dicho de otro modo: el objeto le es ahora a ella en ese movimiento entero.

La cosa es un doble ser-distinto, pero también es una. Todo recae en ella: el ser para sí, el ser para otro y el ser uno de ambas cosas.

La contradicción que nos aparece en lo que el objeto es se divide en dos objetos (la unidad consigo misma de la cosa queda perturbada por otras cosas).

2.12

Mirando hacia atrás la conciencia encuentra que no es sólo su percibir lo que comporta tal diversidad de aspectos (Uno y También, ahora en el objeto, ahora en ella), sino que es más bien lo verdadero mismo o la cosa lo que se muestra de ese doble modo.

2.11

Ahora la conciencia hace recaer sobre sí la unidad. Compete a la conciencia el poner las muchas propiedades indiferentes en uno.

En realidad sólo así es elevada, la cosa, a También: se convierte en una colección de [como se dice en la época] “materias libres”, en una superficie meramente envolvente.

2.10

[2] Pero si la cosa es una es porque ella misma está determinada (en y para sí). O: la cosa es en sí misma (la determinación es suya, son sus propiedades).

Ahora, si son propiedades determinadas es porque se distinguen unas de otras [al menos] en la cosa misma, sin molestarse unas a otras. Luego la cosa misma es También o medio universal.

2.9

Su comportamiento es éste:

[1] Me percato de la cosa como algo uno; como también se presentan las diversas propiedades que contradicen esa unidad, las hago recaer sobre mí. Luego nosotros somos el medio universal en el que se separan y son para sí esos momentos.

Así mantengo la verdad de la cosa.

2.8

Sólo que no se repite nada como la primera vez. El resultado es la disolución del percibir, una reflexión en sí misma de la conciencia.

La experiencia que se hace es la de que su percibir no es un simple aprehender puro, sino reflexión en sí desde lo verdadero, a partir de ello y arrancada de ello.

Ahora (a diferencia de 1) la conciencia reconoce como suya la no verdad que se presenta en el percibir (y no, como en 1, la verdad). La conciencia se hace consciente de su reflexión. (Hemos de examinar su comportamiento).

2.7

Para nosotros la experiencia está contenida en el desarrollo indicado en 2.5 y 2.6. Es un desarrollo de las contradicciones ahí contenidas.

[1] El objeto se ofrece como puramente uno, pero veo también la propiedad universal que va más allá de él; [2] Tengo, pues, que tomarme el ser objetual más bien como una comunidad y la propiedad como lo determinado; [3] Pero si la propiedad es determinada, el objeto no puede ser una comunidad o continuidad, sino un uno excluyente; [4] Pero si encuentro en ese uno muchas propiedades, el objeto no puede ser [meramente] algo excluyente, sino el medio común de muchas propiedades; [5] Pero, en fin, lo que percibo no es entonces un medio universal [propiamente], sino propiedad individual para sí; [6] Ya no ni como propiedad (que sólo puede serlo de algo uno), ni como determinada (que sólo puede serlo por referencia a otras), sino puro ser sensible en general, con lo cual la conciencia recae en certeza sensible o suposición.

Estoy atrapado en un círculo.

2.6

Hete ahí la cosa de la percepción.

La conciencia es percipiente en cuanto esa cosa es su objeto y ella se comporta respecto a él como puro aprehender.

Siendo así, la conciencia puede aprehender o tomar el objeto incorrectamente y equivocarse.

Su criterio es aquí la igualdad consigo (consigo misma).

2.5

Ahora ha quedado completa la cosa en cuanto lo verdadero de la percepción.

La cosa es: (a) universalidad pasiva indiferente o también; (b) negación en cuanto simple o uno (exclusión de propiedades opuestas); y (c) las muchas propiedades mismas (la relación de a y b).

Las diferencias en el medio son universales indiferentes. Como pertenecientes al uno, excluyentes.

La universalidad sensible (o unidad inmediata del ser y lo negativo) es propiedad concertando el también (o universalidad pura) y el uno.

2.4

Pero si son determinadas es porque no son simplemente indiferentes. Sólo son por cuanto se distinguen y quedan referidas como opuestas las unas a las otras... excluyéndose.

Esa distinción, por excluyente, tiene que caer fuera del simple medio de la coseidad. Es la distinción que hace de la coseidad una cosa: un uno o unidad excluyente.

2.3

El esto queda puesto como nada del esto [aufgehoben]. Lo sensible sigue aquí, pero no como lo singular supuesto, sino como universal que se determinará como propiedad (esa nada es ella misma sensible, pero “inmediatez universal”).

El ser es propiedad determinada: expresión inmediata de la mediación o negatividad. Pero al ser expresión en la simplicidad, las propiedades son indiferentes recíprocamente.

Y la universalidad simple misma es a su vez distinta de ellas: la coseidad, que viene a ser el aquí y ahora tal y como resultó en 1.

Las propiedades lo son de un mismo aquí y, sin embargo, no se afectan (están referidas a sí mismas).

La coseidad es el puro universal mismo como medio o elemento de las muchas propiedades.

[A la luz de 2.4. este párrafo parece mal organizado].

2.2

El principio de la Percepción es lo universal, en el sentido de algo mediado en la simpleza que exhibe. El objeto expresa eso como su naturaleza: cosa de muchas propiedades. La riqueza (negación, diferencia y diversidad) de (o puesta en juego por) la certeza sensible le pertenece a la percepción.

2.1

También aquí se distinguen yo y objeto, ambos ahora universales.

La percepción no es tomada como aparece, sino en la necesidad con que ha resultado [luego el examen del saber apareciente es el capítulo 1...].

Aquí el movimiento (el saber) y el objeto han devenido, esencialmene, lo mismo. Aunque aquél es el despliegue y éste el quedar (tomado) reunido. Para nosotros lo esencial es lo universal como mismidad de ambos.

Pero como están referidos el uno al otro, lo esencial y lo inesencial se distribuye [en la conciencia]: el percibir es lo inesencial y el objeto lo esencial [de nuevo].